Julia Catalán

02 febrero 2020

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¿Conoces el Ibis Eremita?

Dice la psicología de la Gestalt que “El todo es diferente a la suma de sus partes”.

Entrar en Wakana es sentir. Es transportarte a Mongolia y dormir con tu familia como si fuerais un clan nómada; pertenecer a una tribu india y refugiarte en un tipi americano; bailar sintiendo la energía de la tierra subir por tus pies descalzos; susurrar a los caballos que habitan en este “pequeño” cachito del Parque Natural de los Alcornocales, los mismos caballos que rodean a quienes bailan a orillas del lago, como si también quisieran danzar; es observar aves ancestrales planeando sobre tu cabeza….

Vivas lo que vivas, lo recordarás con una sonrisa en el corazón y cuando te vayas, un cachito de este precioso lugar se irá contigo, porque la suma de todas tus experiencias es mucho más que el “todo”. Es Wakana.

En Wakana tenemos la suerte de poder disfrutar de una tierra que lleva miles de años albergando a humanos y animales, muchos animales.

Nuestros antepasados nos dejaron dólmenes y cuevas, para que pudiéramos imaginar cómo era su vida cuando la Laguna de la Janda era el horizonte. Quizás resulte extemporáneo, pero en Wakana puedes sentir perfectamente la misma energía que se podía sentir entonces, cuando adorábamos las estrellas, venerábamos a la naturaleza y el silencio sólo se esfumaba con el viento y el sonido de algún animal. Cuando hoy llegas y te acercas al lago, esa energía te inunda y te sobrecoge, recreando ese espacio de silencio natural. Respiras profundamente, observas el horizonte y, cuando te das cuenta de la suerte que tienes, sonríes por estar ahí y por poder observar esa naturaleza en equilibrio, esa naturaleza que no nos necesita para ser bella.

Uno de esos animales ancestrales que consigue perdurar hasta nuestros días es el Ibis eremita (Geronticus eremita), una de las aves más amenazadas del planeta, catalogada “en peligro” (Endangered) por la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturalezay en régimen de protección especial según el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial incluido en el Catálogo español de especies amenazadas. Reintroducida en España gracias al “Proyecto Eremita” llevado a cabo por el Zoobotánico de Jerez junto con la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía y el asesoramiento científico de la Estación Biológica de Doñana, ahora podemos observarla en la comarca de la Janda. En 2015 se contabilizaron 67 ejemplares en libertad, siendo Cádiz su único hogar salvaje en España.

Nuestros antepasados la “fotografiaron” en las cuevas del Tajo de las Figuras, ese mirador y centro de interpretación del Neolítico en el que podemos apreciar parte del arte rupestre denominado “arte sureño”. Es inconfundible: sus plumas son negras con reflejos metálicos verdes y púrpuras y en el cuello porta su característico penacho de plumas. Es una especie bastante terrestre y colonial e instala sus colonias en acantilados, desde donde vuela a prados y pastizales para alimentarse de insectos e invertebrados principalmente, aunque también se atreve con anfibios y pequeños vertebrados. A partir de febrero comienza a construir sus nidos con ramas y hierbas sobre las repisas de los cortados y quizás tengas la suerte de verlos en los prados buscando alimento para sus crías. Su ecología es muy similar a la de las garcillas bueyeras, así que presta atención y si lo ves recuerda que avistar un “cuervo calvo” es algo fuera de lo común.

Fuentes: Seo BirdLife, Ruth Pilar EspinosaZoobotánico de Jerez,The IUCN Red List of Threatened Speciesy el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

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